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El Cristianismo, como los teólogos de hoy reconocen abiertamente, fue creándose y asentando sus bases sobre tradiciones, conceptos y símbolos paganos. Tal como la Iglesia de Alejandría lo ha reconocido y transmitido, Jesús el Cristo es un camino a recorrer dentro de cada uno. Cada etapa de su vida, desde su nacimiento hasta su muerte y resurrección, está simbolizada en nuestro propio cuerpo para realizar en cada uno nuestro Cristo Interior.

 Los místicos tenían un perfecto conocimiento de ello, y así , Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, nos han dejado un claro testimonio de la enseñanza oculta del Cristianismo. Ellos realizaron el camino de Kundalini o el camino crístico que lleva al Padre, coronando la naturaleza humana.

 A pesar de que la “Gran Tradición Tántrica” es una vía clara para todo aquel que quiera despertar su fuerza interior, paralela a ella, existe la vía del Kundalini Cristiano (la vía mística) o Gnosis Cristiana, para aquellos que aún sintiendo que los nombres no son más que símbolos, sin embargo, sientan que es más familiar la figura de Jesús el Cristo.

 Se trata de vivir, a través de meditaciones, mantras, movilizaciones de energías, la vida de Jesús desde su concepción y nacimiento, hasta su transformación en el Cristo y la ascensión al Padre. De hacer así nuestro camino de realización, tal como El nos enseña. Es un camino válido y práctico para quienes desean encontrar y despertar su propio Cristo, aceptando y viviendo de manera total la naturaleza humana.

 El camino interior no sabe de morales ni de normas, tal como El, con su modo de vivir anunciaba. Toda la naturaleza humana está a nuestro servicio y colaborando a nuestro despertar interior: a la realización crística en nosotros.

 Dicen las escrituras hindúes y budistas que la columna vertebral es el eje de la Tierra, con el Monte Meru al Norte y el Potala al Sur. Este llamado ‘Templo del Alma’ se convierte en el Templo de Salomón cuando el fuego oculto de la Diosa Kundalini se eleva sutilmente afectando a las 33 vértebras de la columna que ‘resplandecen como el sol por 33 años’. Y Jesús afirma que ‘levantará de nuevo el templo en tres días’ después de su muerte (por Crucifixión a los 33 años, la cuarta Iniciación, equivalente a los 33 grados iniciáticos en las Ordenes Ocultas). En su parte inferior la columna vertebral sustenta el fuego sagrado o ‘infernal’ del sexo, mientras que en lo alto sostiene la perfecta esfera del cielo en el cerebro.

 La región cervical está en relación con los siete planetas (Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna), y el hueso Atlas sostiene el universo; la región dorsal está relacionada con los doce signos del Zodíaco, la región lumbar con los cinco elementos y la región sacra está regida por Escorpio (donde descansa Kundalini). En lo alto el cerebro está rodeado de los 22 huesos del cráneo (14 frontales y 8 posteriores), y de ellos dice la Quaballah: ‘el Señor dispuso las 22 letras hebreas en forma de muralla’.

 En el cerebro los seis lóbulos de cada hemisferio (las ‘doce luces’ o ‘moradas’) que se unen en el Cuerpo Calloso (el trono del Señor). La zona frontal es la parte objetiva y voluntaria, y el cerebelo la parte inconsciente del sistema extrapiramidal y otros. Los doce centros son la Corona de Espinas de Jesús (por el sufrimiento que producen cuando se ilumina el centro coronario, que otorga poderes espirituales después de la segunda ‘noche oscura’). Se dice que los doce discípulos (o luces) ‘reciben al Cristo con sus puertas y ventanas cerradas’ en el interior del Tercer Ventrículo, que se llama ‘la Gloria del Sakinath’ o la Divina Presencia.

 En este cerebro, que ha de volverse telepáticamente sensible al mundo de las almas, conviven tres glándulas (pineal, pituitaria y carótida) que forman el ‘triángulo de fuego’, un transmisor de pura energía a través del centro Alta Mayor (equivalente a la proyección en la médula del centro Ajña Chakra), que está en comunicación energética y luminosa con Anahata chakra en el pecho. El mismo Ajña es el receptor de energías mentales o del alma, y el director de la Energía Espiritual. Por encima hay otros centros, todos ellos dependientes de la luz de Sahasrara, el centro coronario, que permite el descenso de las fuerzas del Espíritu sobre el Alma o psiquismo. Cuando Sahasrar (a través de Ajña) y Anahata se unen, el centro coxígeo (Muladhara) despierta y se revela la gran luz de la Iniciación.

 Dice la historia oculta cabalística que el héroe Chiran es ‘el fuego espiritual subiendo los 33 escalones de la espina dorsal y penetrando en la Cámara alta del Cielo’ (cráneo), de donde pasó al trono de Isis (glándula pituitaria) para invocar al dios Ra (glándula pineal). Entonces ‘la Palabra sagrada y secreta le fue revelada’. También Moisés, por su parte, sacó de Egipto (la mente apegada) a las doce tribus de Israel (facultades o luces en el cerebro), levantando la serpiente en el desierto (Kundalini irguiéndose desde la pelvis).

 En América el Dios Salvador andrógino es Quetzalcoatl (Gukumatz, Kukulkán…), la Serpiente emplumada, y éste ha sido siempre el símbolo del Espíritu ascendente, designado también como ‘Señor del Amanecer’. Y Asanga afirma que es necesario ‘descubrir la serpiente de la ilusión con la ayuda de la Serpiente de la Sabiduría, y entonces la serpiente dormida ascenderá hacia el Lugar de Encuentro’.

 De esta manera, y a través de los Centros etéricos, las frecuencias astrales, mentales y sobre todo espirituales llegan a la Conciencia, transformándonos en ‘elegidos que están marcados en la frente’ (Apocalipsis). Las siete Iglesias o etapas de evolución son los 7 planetas (estrellas), los 7 chakras, y las 7 iniciaciones (nacimiento, bautismo, transfiguración, crucifixión, resurrección, elevación y unión). Los cuatro Seres ‘alrededor del Trono de Dios’ son los Cuatro Señores del Karma: Miguel (Sol), Gabriel (Luna), Rafael (Mercurio) y Uriel (Venus). Los pétalos de los cinco primeros Centros suman 48 y los del sexto Ajña 96, en total 144 que es el símbolo de la Obra espiritual realizada: ‘los 144.000 seres que serán salvados’ (número simbólico para expresar el conjunto de los Hijos y Defensores de la Luz, aunque hoy en día resulta tan ridículo objetivamente que no alcanzaría ni al 0´0025% de la humanidad).

 En esta perspectiva, no podemos olvidar el tema del poder interno de la sangre, denominado el ‘calor del Alma’, que alimenta pránicamente al cuerpo, a las emociones y a los pensamientos. Cuando la sangre se coagula se libera la sutil esencia vital y espiritual que lleva consigo. Éste es el sentido que se otorga al Grial de ‘recuperar la sangre del Señor agonizante’, recogida en la leyenda por José de Arimatea.

 Recordemos también que el color rojo sangre es atribuído a Lucifer, el ‘portador de la Luz’, que perdió la esmeralda más grande y poderosa de su corona (Sahasrar), al caer en la Tierra sagrada (muladhara y zona sacra), en la que más tarde se talló la copa del Grial (símbolo del corazón, Anahata), que representa a la humanidad doliente que ha perdido el Poder del Verbo Creador. Pero en el hombre, la irradiación magnético-luminosa de la sangre es oscurecida por las secreciones hormonales (emociones) de las glándulas endocrinas inferiores. Y la sangre roja se vuelve negra y vela la Luz. Por eso Lucifer se ha vuelto el símbolo del Ángel Caído. El ser humano debe redimirlo por la secreción de las glándulas endocrinas superiores o emociones elevadas, que segregan el néctar de la Humanidad inmortal.

 La elevación del Fuego Crístico:

  “El fuego interno (Christos o diosa Kundalini ) nace en la zona sacra (sagrada) cerca del mundo animal de los primeros chakras y se manifiesta en dos polaridades (Ida y Pingala, luna y sol, la mula y el buey). Desde allí tiene que hacer una peregrinación (la huída) para llegar al perineo o puerta de jade inferior. Luego asciende a través de 33 vértebras, con dificultades especiales en las tres últimas (la vida pública), hasta llegar al Gólgota (el lugar de la calavera). En el camino, el fuego rebota repetidas veces y se puede decir que sufre tres caídas, en las zonas lumbar, dorsal y cervical. Finalmente penetra en el Gólgota donde va a ser crucificado teniendo a la derecha el ladrón bueno (cerebro derecho silencioso) y a la izquierda el ladrón malo (cerebro izquierdo lógico). En el proceso se le coronará con espinas (los doce centros de conciencia en la cabeza, del alfa en lo alto de la frente al omega en la parte baja de la nuca, que al abrirse se sienten como cuchillos). Se le marcará en el pecho donde se estructura el gran triángulo ascendido de Kiristi + Mikha + Mary. Sólo le queda levantar la piedra del sepulcro (abrir de nuevo la fontanela que cuando niños dejaba pasar las percepciones del Espíritu) y de esa manera alcanzará la conciencia de otras dimensiones más elevadas”.

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