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La depresión es un concepto compuesto por un cuadro de síntomas que abarcan desde el abatimiento y la inhibición hasta la llamada depresión endógena con apatía total

La depresión va acompañada de la total paralización de la actividad, la melancolía y una serie de síntomas corporales como cansancio, trastornos del sueño, inapetencia, estreñimiento, dolor de cabeza, taquicardia, dolor de espalda, trastornos menstruales en la mujer y demás. No es necesario tener la totalidad de éstos síntomas, sino que con tener más de tres de ellos es suficiente para considerar un estado depresivo.

La persona depresiva sufre muchas veces sentimientos de culpabilidad y continuamente se hace reproches e intenta hacerse perdonar. Cabe preguntar qué es lo que en realidad deprime al depresivo.

En respuesta hallamos tres temas:

 La Agresividad reprimida y autoinfligida…

La agresividad que no es conducida hacia el exterior se convierte en dolor corporal. Esta afirmación puede completarse diciendo que la agresividad reprimida en el aspecto psíquico conduce a la depresión.

La agresividad bloqueada y no exteriorizada se dirige hacia adentro y convierte al emisor en receptor (la persona se autoagrede).

A ésta agresividad reprimida se le suman numerosos síntomas físicos, como dolores corporales de todo tipo.

Podemos decir que la agresividad sólo es una forma especial de energía vital. Por lo tanto, el que reprime su agresividad reprime también su energía. Es común que un terapeuta aconseje a un depresivo hacer actividad física para canalizar así su agresividad reprimida; también es común que el depresivo se rehúse a realizarla ya que cualquier manifestación de ésta energía la vive como una amenaza. La persona depresiva evita todo lo que no tiene el reconocimiento público y trata de ahogar sus impulsos agresivos para “encajar” y ser aceptado. Esto es lo que en el fondo intenta lograr. Ser aceptado, que en definitiva es el deseo de ser amado. En su interior tiene pánico de manifestar su agresividad por miedo al rechazo, al desamor. Tiene pánico de “luchar por su propio lugar”.  Es probable que de chico haya sido amado de manera condicional. Haya sentido que si se mostraba tal cual era no lo hubieran amado. Aprendió así a esconder, a enterrar aspectos de sí mismo, a guardar en “la sombra” todo aquello que amenazaba con el destierro o el desamor de sus seres queridos. Ha aprendido así a “sobreadaptarse”.

La agresividad dirigida contra uno mismo encuentra su expresión más extrema en el suicidio. En el deseo de suicidio siempre hay que preguntar a quién se dirige en realidad el propósito. A quién va dirigido “la ofrenda de la propia vida”. O a quién la persona quiere castigar inconscientemente por no haber sido amado de manera incondicional.

 La Responsabilidad: hacerse cargo de su propia vida…

La depresión es (dejando de lado el suicidio), la forma extrema de rehuir la responsabilidad. La persona depresiva no quiere “actuar” sino que elige “vegetar”, elige estar “más muerto que vivo”.

El miedo a responsabilizarse de la propia vida es uno de los motivos de la depresión. Para estar deprimido hay que poder estarlo, tiene que haber “alguien” que se haga cargo de la vida del depresivo para que éste puede seguir en ese estado. La persona que tiene que hacerse cargo de su propia vida sí o sí, ya que no tiene a nadie que lo haga por él, sale de su estado, sale a la lucha muy a su pesar, y a la larga logra salir también de su depresión.

El miedo a hacerse responsable de su propia vida puede tener que ver con contratos inconscientes familiares en los cuales el depresivo ocupa el lugar de “eterno hijo pequeño” y que si dejara de ocupar éste lugar provocaría un derrumbe en el esquema familiar que no está dispuesto a soportar.

Salir del lugar de hijo eterno podría provocar acomodamientos (quizás divorcio de los padres, ya que el único motivo de unión de ellos es el hijo), u otros cambios que le generarían sentimientos muy fuertes de culpabilidad.

También podría ser que el depresivo esté asumiendo inconscientemente el lugar de algún hermano o familiar muerto o enfermo o infeliz, que no pudo “vivir como lo hubiera merecido”. Se puede entonces establecer una alianza inconsciente entre el depresivo y su hermano o padre muerto o enfermo, estableciendo una especie de “pacto inconsciente de infelicidad” en el que la culpa por estar vivo es tan grande que le impide vivir de manera feliz. Así el depresivo metaboliza sus sentimientos quedando en estado casi “vegetativo” en solidaridad con su hermano o familiar muerto o enfermo. Ser feliz en éste caso, le generaría una culpa imposible de soportar.

 El temor a la muerte le impide vivir…

El conflicto en el depresivo es que teme tanto a la vida como a la muerte. Vivir activamente le traería consigo sentimientos de culpabilidad y de responsabilidad y de ambos sentimientos se quiere escapar. Asumir responsabilidad significa renunciar a las fantasías y asumir riesgos, con la posibilidad de fracasos incluidos. Ser responsable por los propios actos y elecciones trae aparejado animarse tanto a fracasar como a quedarse solo y hasta a morir, porque en la vida hay de todo, y eso también puede suceder. Pero no asumir responsabilidad es estar en “stand by”, en estado de latencia por temor a las consecuencias del vivir. Paradógicamente, vive más como un muerto que como un vivo.

El miedo extremo al fracaso, a la soledad y a la muerte, provoca que el depresivo atraiga a su vida justamente aquello que más teme.

La clave para comenzar a sanar… 

La clave para comenzar a sanar y a salir de su estado es hacer contacto con todos sus sentimientos de agresividad enterrados. Comenzar a canalizarlos de la mejor manera posible: a través de terapia, de  deportes y de mucha actividad física, (el box es altamente recomendable, tiene que ser una actividad enérgica y agresiva).

También es importante que a través de una terapia descubra si tiene una alianza inconsciente con algún “muerto o enfermo” con el que está haciendo “causa común” no permitiéndose vivir. Que a través de una serie de ejercicios metafóricos haga un “nuevo contrato” o “revoque el contrato inconsciente” con ésta otra persona, para comenzar a vivir su propia vida libre de culpas.

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